De Personalidad Ilustre al desalojo

Norma Castillo (79), viuda de Cachita Arévalo con quien conformó el primer matrimonio igualitario de Latinoamérica y el Caribe, fue desalojada en a pesar de la prohibición


Por Alicia Alvado




A sólo una semana del Día de la Visibilidad Lésbica, una de las activistas lesbianas más reconocidas y homenajeadas, Norma Castillo (79) fue desalojada violentamente del lugar donde vivía hace dos años y el llamado que distintas organizaciones LGBT+ para sostenerla permite dimensionar también otras vulneraciones de derechos al interior de la comunidad lésbica, como el derecho a la vivienda digna, máxime en la vejez.


Declarada en 2015 personalidad destacada en el ámbito de los Derechos Humanos por la legislatura de la Ciudad, Norma conformó junto a su amada Ramona “Cachita” Arévalo la primera pareja de mujeres en contraer matrimonio legal en toda Latinoamérica y el Caribe.


Pese a lo crucial de su participación para la conquista de la ley de matrimonio igualitario tiempo después de ese casamiento autorizado por vía judicial, Norma se habría quedado en la calle el pasado martes si no fuera porque unos amigues suyos la recibieron en su casa, después de que fuera desalojada de la pensión donde vivía y sin más ingresos para hacer frente a un alquiler que la jubilación mínima y lo que le entra ocasionalmente por cuidar a otra persona adulta mayor.

Norma y Cachita el día de su casamiento en 2010

Ante este caso que consideran “no es un hecho aislado” , 13 organizaciones LGBT+ iniciaron una campaña para reunir fondos para Norma y sumar voces para reclamar por una vivienda digna para ella, visibilizando al mismo tiempo que “¡la vejez lésbica existe y resiste!” y que la atención de sus derechos básicos es más acuciante en pandemia.


En diálogo con Vertientes, Norma contó que la única llamada que tuvo por parte de un organismo estatal provino desde del Ministerio de Mujeres y Diversidades de la Nación, desde donde prometieron estudiar el tema para ofrecerle algún tipo de asistencia.


“Ya pasó lo peor, que era el momento de violencia que uno no esperaba, porque legalmente tampoco tenía derecho (a expulsarme) por la edad que tengo” y por estar suspendidos los desalojos, dijo.


Norma explicó que desde hace casi dos años “yo estaba viviendo en un lugar que primero me ofreció como ayuda” una persona que se decía su amiga y a la que “luego le pagaba todos los servicios” de la casa compartida, pero que después le empezó a reclamar también 17 mil pesos por mes, “mucho para mí” habiendo enviudado hace tres años y no recibiendo ninguna pensión por esta condición ni por haber tenido que exiliarse en los ‘70.

“No teníamos nada firmada, solo tengo los recibos de los servicios que pagué y cuando conseguí un trabajo para cuidar un adulto mayor, le fui pagando lo que podía por semana, pero no puedo pagar 17 mil”, dijo.


“Y estábamos en esas negociaciones, cuando de repente llamó a una gente amiga mía diciéndoles que mandaran un flete que porque no me querían ver un minuto más en esa casa. Con ayuda de ellos y de una abogada y logramos sacar las cosas para hacer la mudanza en paz”, contó, aunque en el proceso su ex casera se quedó con su televisor.


Norma asegura estar bien “en un lugar donde me reciben” y agradece la ayuda que le están dando también otras personas, pero no se siente con derecho de pedirla, más allá de la campaña que iniciaron las organizaciones en su nombre.



Norma enviudó en 2018 de Cachita. Foto Télam

“No quería pedir ayuda a nadie porque si yo estoy en esta condición a esta altura de la vida es porque yo misma me lo fabriqué. No supe prever, siempre con la lírica de luchar por los ideales... Acepto el reconocimiento pero igual me lo recrimino porque es muy feo estar así”, dijo.


Superada la peor etapa del duelo por la partida de su amada Cachita, Norma volvió a pintar y retomó la escritura del último capítulo del libro que está escribiendo sobre la historia de casi cuatro décadas de amor que vivieron las dos, un sentimiento que floreció en el exilio, cuando ambas estaban casadas con varones y vivían en Colombia.


“De su muerte no me voy a consolar nunca, porque cada día cuando abro los ojos y veo que ella no está, es un dolor enorme”, afirmó.