El Caracazo, la primera rebelión popular contra el neoliberalismo en América Latina

El 27 de febrero de 1989 el pueblo venezolano dijo “basta” al plan de hambre del gobierno y el FMI


por Marta Gordillo

Apenas 25 días después de haber asumido la presidencia el dirigente de la Acción Democrática, Carlos Andres Pérez, Venezuela quedaba sumergida en una de las mayores crisis sociales que se vivieron en el país caribeño de la mano del neoliberalismo y la subordinación al Fondo Monetario Internacional.


Pasaron 32 años y fue aquella rebelión la que marcó un corte en la historia venezolana, abriendo un tiempo de profundización de la crisis, en el que vendrá luego el levantamiento militar del 4 de febrero de 1992 y el triunfo de Hugo Chávez en el 98, quien gobernó hasta 2013 tras haber roto las estructuras de poder tradicionales del país.


Tanto el 27 de febrero de 1989, en que se reveló el pueblo, como el 4 de febrero de 1992 , en que se alzó un grupo de militares entre los cuales estaba Chávez, ambos estallidos fueron contra el mismo gobierno, en tanto fue esta última fecha la que tomó recientemente, en este 2021, el gobierno de Nicolás Maduro para decretarla oficialmente como el Día de la Dignidad Nacional.

El país venía acumulando a lo largo de la década del 80 fuertes contradicciones internas con altos niveles de pobreza y hambre, con un aumento de la pauperización de los sectores medios, con un crecimiento vertiginoso de la deuda externa, y bastó el lanzamiento de las primeras medidas económicas que ajustaban aún más las condiciones de vida, para que se produzca un levantamiento popular que partió en dos la historia del país.


Foto Archivo Gobierno de Venezuela


Fue el Caracazo, que no sólo le imprimió una marca de fuego a Venezuela sino que abrió el camino de confrontación de los pueblos contra el neoliberalismo en Latinoamérica.


Siguió el levantamiento zapatista de 1994 en México, las luchas campesinos en Brasil, la rebelión del 2001 en Argentina, que iniciaron a su vez un tiempo antineoliberal en la región, tras años de políticas que golpearon a la clase trabajadora con dictaduras salvajes y democracias débiles y desvirtuadas.


El sociólogo peruano Aníbal Quijano sostiene que así como el golpe del 73 en Chile comenzó un proceso de privatizaciones, ajuste fiscal, incremento de la deuda externa, aumento de la desocupación y el hambre, inaugurando una era de dictaduras militares en la región con el Plan Cóndor y la Doctrina de Seguridad Nacional, la rebelión popular conocida como el Caracazo inicia la resistencia y enfrentamiento a los planes neoliberales.


Foto Jheremycg


Y fueron esos planes los que se impusieron con represión, torturas y desapariciones. Después vinieron las “democracias” a legitimar ese camino, y reencauzarlo tras la inviabilidad del autoritarismo, mientras desde abajo quedaban tendidas sobre la escena social las marcas de una fragmentación que tenía delante de sí un futuro cada vez más pobre y marginado.


La ausencia de movimientos de resistencia o estallidos sociales, en términos generales, frente a la aplicación de estos planes económicos, durante las décadas del 70 y 80 , está ligada a la aplicación de las políticas represivas en forma mancomunada por parte de los gobiernos de entonces en la región.


Aunque en algunos países no hubo dictaduras militares durante todo ese período como en Venezuela, se aplicó el mismo plan económico del nuevo liberalismo subsumido a los dictados del FMI.

Hubo ante la rebelión popular en Venezuela una política represiva que connota la misma metodología dictatorial y que llevó al gobierno de Pérez a producir “una masacre” con alrededor de 2000 muertos y un número impreciso de heridos y desaparecidos entre el 27 de febrero y el 22 de marzo, sobretodo los primeros 5 días.


No obstante las cifras oficiales de aquel momento hablaban de 400 muertos.


Fue Pérez quien dio la orden de disparar y puso al país bajo control militar, sin garantías constitucionales con un ejército abriendo fuego contra multitudes, fusilamientos en viviendas y ejecuciones extrajudiciales.


¿Qué había pasado? Apenas el gobierno anunció el aumento de tarifas, entre otras medidas de ajuste, el pueblo estalló; el anuncio cayó como una bomba que, como un reflejo ante la violencia del anuncio, la gente salió a las calles a decir “basta”, a apropiarse de comida, de lo que les venían negando, y quemó gomas, cortó calles y avenidas, saqueó comercios, rompió vidrieras y se defendió de la represión.


Las medidas de ajuste económico para refinanciar la deuda externa habían sido anunciadas el 16 de febrero y algunas de ellas se pusieron en práctica ese 27.


El FMI reclamó y el gobierno ejecutó: liberalización de los precios, aumento de las tarifas del transporte, supresión de subsidios, contracción del gasto público, congelación de salarios, alza en los precios de los combustibles, incremento de los impuestos fiscales.


“El endeudamiento externo, la caída de los precios del petróleo y la descapitalización del Estado y la economía venezolana, más que ser las causas de la crisis eran sus consecuencias, es decir, las manifestaciones de la crisis de la estructura dependiente”, sostiene el especialista colombiano José Honorio Martínez en “Causas e interpretaciones del Caracazo”.

La rebelión comenzó en la Gran Caracas y se extendió a las principales ciudades, Valencia, Mérida, Maracaibo, Barquisimeto, donde estalló la conflictividad y el malestar que estaba latente.


Ese día hubo una huelga de la Policía Metropolitana por lo que se buscó reforzar la represión con la acción de las fuerzas militares. Atrás quedaban los años del primer gobierno de Pérez del 74 al 79 , época de bonanza, cuando hubo un gran flujo de capitales por la exportación de petróleo.


Pero en esos días de febrero y marzo de 1989, el país quedó paralizado. “Este estremecimiento tuvo dos etapas con diferente tinte", analiza por su parte el economista venezolano José Félix Rivas Alvarado, en 'El Caracazo de 1989, para la memoria y la reflexión'.


"Primero la gente tomó las calles, hizo barricadas en las vías principales, tumbó las llamadas santamarías (puertas corredizas de metal) de los locales e iniciaron el ‘saqueo’ de los comercios”.


Luego agrega que "no sólo eran los habitantes de las barriadas pobres los que dejaban de respetar la sacrosanta propiedad privada. Sino que los sectores medios de Caracas salieron a tomar los carritos de los automercados esta vez para participar en una inédita experiencia de expropiación ejercida por una multitud”.

Asimismo, puntualiza que mucho antes de la explosión social se había sembrado la tensión y la incertidumbre, las expectativas recaían sobre el gobierno que recién se estaba instalando.


"A fines de 1988, y durante el primer mes del nuevo año, en los automercados y abastos se empezaron a formar colas de gente solicitando productos que se estaban racionando”, aclara.

La crisis atravesaba asimismo el entramado del poder, y como afirma Rivas Alvarado, “entre las facciones de la burguesía, eran evidentes las contradicciones que debilitaban su hegemonía como clase dominante”, y describe las disputas de los distintos grupos y el uso obsceno de la renta petrolera por parte de los sectores de poder.

Describe el 27 de febrero, y cuenta que “ese día fuimos testigos de cómo los soldados le disparaban con fusiles a las personas que venían bajando de las escaleras del cerro que se interponía entre el Mercado Popular de Mesuca y las entrada de Palo Verde y del cordón de barrios populares compuesto por El Progreso, Las Vegas de Petare”.


“Impotentes, observamos cómo mujeres, hombres y jóvenes caían heridos por las balas de los soldados armados de FAL”, y agrega: “Vimos cómo de los barrios iban y venían furgonetas, algunas cargadas de cadáveres”, relata como testigo y asevera que dispararon contra un pueblo indefenso.


En tanto, Martínez sostiene que el 28 de febrero, el gobierno de Pérez no sólo ratificó el cumplimiento de las medidas anunciadas, sino que celebró al mismo tiempo en el Palacio de Miraflores una reunión en la que se abogó por la ejecución del Plan Ávila para controlar los saqueos.


“El Plan Ávila es un plan diseñado para responder ante emergencias de ‘orden público’ empleando al conjunto de las Fuerzas Armadas”, con una suerte de “licencia para matar”, destaca.

Foto Archivo Gobierno de Venezuela


Sobre la base de “una masacre” implementaron el plan neoliberal que continuó en medio de una crisis generalizada de credibilidad, de legitimidad, una ruptura de los sectores populares con el gobierno, que llevó a la destitución de Pérez en mayo de 1993, en medio de denuncias y escándalos de corrupción.


Fue así como los coletazos del Caracazo continuaron, llegaron más lejos porque la distancia entre aquella rebelión popular y el ascenso de Chávez tras las banderas del “Socialismo del Siglo XXI” estaba surcada por esa crisis de hegemonía, por el quiebre que se produjo en el 89, y que llevó al nuevo líder venezolano a denominar al Caracazo como"la chispa que encendió el motor de la Revolución Bolivariana".