Hace 45 años caminaban por las mismas veredas

Aspiran a colocar los nombres de los 30.000 desaparecidos en baldosas que simbolizan un lugar de pertenencia


por Marta Gordillo



“Aspiramos a poner los 30.000 nombres de desaparecidos en baldosas que simbolizan sus presencias para que tengan un lugar allí por donde transitaron, y para que estén entre nosotros”, expresó Marisa Munczek del colectivo“Barrios x Memoria y Justicia” de la ciudad de Buenos Aires, en diálogo con Vertientes del Sur, a 45 años del golpe militar genocida de 1976.


Hasta ahora colocaron “más de 2 mil nombres en unas 1200 baldosas ubicadas en la ciudad de Buenos Aires, en veredas, escuelas, fábricas, facultades, bares, iglesias, oficinas, donde militaron o donde fueron secuestrados o asesinados”, dijo y añadió que “en estos momentos estamos peleando por una ley para que no nos saquen las baldosas cuando rehacen veredas en el Gobierno de la Ciudad”.


La leyenda de las baldosas dicen ‘aquí vivió…’, ‘aquí estudió…’, ‘aquí trabajó…, ‘aquí militó…’, ‘aquí enseñó…’, aquí jugó…’ y recuerdan a las y los trabajadores, estudiantes, docentes, artistas, profesionales desaparecidos y asesinados durante la dictadura cívico-militar y eclesiástica que azotó al país entre 1976 y 1983, y al período previo de impunidad de la Triple A.


Hay baldosas con un nombre, dos, diez o más, como “en el Colegio Nacional de Buenos Aires donde se pusieron 6 baldosas con 108 nombres , en el Pellegrini hay más de 40 nombres, en el Normal 4 se pusieron sucesivas baldosas con más de 20 nombres, en fábricas como Cerámica Lozadur donde hay decenas de nombres, al igual que en lugares como Anses, o la sucursal de Plaza de Mayo de Banco Nación”.


Familiares y amigos junto a Barrios por Memoria y Justicia colocan una baldosa en el barrio de Palermo

Munczek, quien pertenece a la organización del barrio de Almagro y además participa de la Mesa por Memoria y Derechos Humanos de la Comuna 12, mencionó sólo algunas baldosas colectivas que reflejan la dimensión del horror que vivió la Argentina en aquellos años oscuros, y el modo en que el movimiento Barrios x Memoria y Justicia decidió recuperar y reivindicar aquellas vidas desaparecidas.


“La consecuencia de este trabajo es que estas baldosas se están viendo en muchas partes de la ciudad y generan preguntas quizá de gente que no vivió la dictadura; la idea es que se conozca la historia, que no se olvide, que nunca más suceda; es dejar el legado para otras generaciones”, destacó.

La colocación de baldosas, que comenzó en los barrios porteños, se amplió a lo largo de estos 15 años, a varias ciudades del conurbano bonaerense como Lanús, zona Norte, Lomas de Zamora, Morón, entre otras, y a distintas localidades de la provincias de Buenos Aires, Jujuy, La Rioja , Santa Fe.


Asimismo señaló que los familiares “nos dicen que la colocación de estas baldosas tienen un efecto reparador en relación con que ese nombre que se intentó desaparecer, aparezca , porque ante el hecho de que no tengan una tumba, que no esté el cuerpo, esto les da un lugar”.


“Fue darle un lugar a mi viejo, como una tumba”


En este marco, Paula Rodríguez, hija de Guillermo “Beto” Rodríguez desaparecido en 1976, y colocada su baldosa en noviembre de 2019 en el Café de García en Villa Devoto, contó a Vertientes del Sur que “fue darle un lugar a mi viejo, como una tumba, como poner una marca en la historia”.

Baldosa individual colocada el 2 de noviembre de 2019 en el Café de García (Foto Portal Villa Devoto)

”El pasó mucho tiempo de su juventud en ese bar con sus amigos, por eso elegimos ese lugar”, dijo tras añadir que sospechaba que necesitaba un hecho de esas características “pero no me daba cuenta de cuánto lo necesitaba hasta que pasó. Compartimos ese momento y ese sentimiento con mi familia, amigos, compañeros de mi papá”.


Enfatizó en lo importante que fue para “poder reconectarnos con mi familia por parte de mi papá; fue un encuentro muy positivo, muy emotivo, de mucha alegría y hubo una muy buena unión”.


“Fue como poder abrir un poco esa historia personal con la historia del país, un momento de encontrarnos en un lugar donde no había dudas del porqué estábamos ahí, de construir a mi papá por medio de los recuerdos de cada uno”, expresó.


“Yo tenía un recuerdo de mi papá con bigotes pero no había ninguna foto de él con bigotes, y confirmé mis recuerdos cuando un tío me dijo que una vez mi papá se dejó los bigotes para cambiar un poco su cara y eso fue en los últimos meses”, señaló Paula de 48 años que tenía 3 cuando desapareció su padre.


Aseguró que sintió “que se había podido hacer algo, porque en general con la historia de mi papá fue estar buceando en qué pasó, cómo pasó, algo muy frustrante y doloroso, en cambio esto fue hacia otro lado y fue super reparador, ayudó a cicatrizar heridas”.


La colocación de la baldosa “ayudó a acomodar un poco mejor algunas situaciones emocionales, y a la vez, el hecho de ponerla en el espacio público y hacer visible la historia y la memoria, también acomodó las cosas en un mejor lugar”, dijo.


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