“La mujer negra sigue siendo la gran ausente social”

La directora teatral y dramaturga afrocubana Alejandra Egido cofundó hace 10 años en Buenos Aires la compañía teatral Teatro en Sepia. Integrada exclusivamente por mujeres afroargentinas y afrodescendientes, busca "certificar nuestra existencia".


Por Alicia Alvado


En "La Cadena Invisible". Foto de Ignacio López

“La mujer negra sigue siendo la gran ausente social”, asegura la actriz, docente, dramaturga y directora teatral afrocubana Alejandra Egido que en 2011 confundó en Buenos Aires la compañía Teatro en Sepia (TES) para visibilizar escénicamente la afrodescendencia en Argentina, con especial foco en las opresiones de género.


En sus 10 años de trayectoria, la compañía presentó ya seis diferentes obras teatrales, algunas de las cuales fueron puestas en escena también en Colombia, Nicaragua, Cuba y República Dominicana.


Radicada en Argentina desde 2007, una de las principales preocupaciones como difusora de la cultura afro e integrante del área de género de comisión Organizadora del 8 de Noviembre (colectivo que nuclea a afroargentinos, afrodescendientes y africanos residentes en el país) es “certificar nuestra existencia”.

“Cuando llegué (a Argentina) me hicieron el cuento ese que le hacen a todo el mundo, de que los afroargentinos y afroargentinas habían muerto con las guerras del Paraguay y de la independencia, la fiebre amarilla y todo eso”, contó a Vertientes del Sur.


Egido pudo terminar de confirmar que esto es una falacia cuando en 2009 un


amigo cubano la invitó a una reunión de organizaciones afrodescendientes, en donde “me encontré con una afroargentinidad viva y coleando” pero también pudo dimensionar “semejante mecanismo racista” como es la “invisibilización”, un término que no había oído antes.


La actriz recuerda que “desde el censo de (el virrey Juan José) Vértiz (1778) hasta el 2010 no se vuelve a retomar la composición afro de la población” y durante todo ese tiempo se oculta que “había otra conformación demográfica” en la sociedad argentina desde los tiempos de la colonia, “que no eran los criollos, ni españoles ni los originarios”; y en total consonancia con el paradigma de “civilización o barbarie”.

En "No es país para negras II". Foto de Alejandra Del Castillo

“Hay compañeras nuestras que tienen 80 u 85 años que te muestran que en su primer DNI dice ‘trigueña’ …¡aunque se trata de una mujer tan negra como yo! Hubo una propuesta de blanqueamiento y pasa acá, como pasa en Chile o en México”, dijo.


Invitada a participar de un foro Afro del Inadi, Egido conoce allí a Carmen Platero, afroargentina que en los años ’70 había escrito y dirigido la obra Calunga Andumba junto a su hermana Susana –en ese momento ya fallecida-, con quien ya en democracia crearon la compañía teatral La Comedia Negra de Buenos Aires.


“La obra, que la estrenaron en 1976 y la pudieron representar muy poco (por el golpe), trata de cómo los africanos esclavizados entraron por el puerto de Buenos Aires y después tanto ellos como sus descendientes conformaron el estado nación. Treinta años más tarde, la propuesta era que la dirigiera yo”, contó.



A partir de la convocatoria de actores y actrices afroargentinos y afrodescendientes para la obra que se re-estrenó en el marco de las actividades por el Bicentenario de la Revolución de Mayo en 2010, surgió la organización y compañía teatral Teatro en Sepia.


“Yo estaba más que sorprendida que aquí se estuviera haciendo tanto festejo en el Bicentenario y nadie hablara de las mujeres negras que en toda Latinoamérica habían luchado tanto por la independencia de nuestros países”, dijo.

Calunga Andumba, de Susana y Carmen Platero

Y en La Noche de los Museos de ese mismo año de 2010, estrenaron “Afrolatinoamericanas. De Voces, susurros, gritos y silencios”, un trabajo de carácter performático interpretado sólo por mujeres que articula toda una selección de textos de dramaturgia afro.


“Y lo que creíamos iba a ser solamente para 20 ó 30 personas durante ese estreno en el Museo de la Mujer, lo vió una cantidad extraordinaria porque se hizo el espectáculo tres veces”, contó.


Transformada ya en obra de teatro, “Afrolatinoamericanas…” estuvo rodando por el país y el mundo entre 2012 y 2016 a instancias de Teatro en Sepia, que se conformó como Asociación Civil en 2014.


“Es una de esas obras que uno no espera que tenga tanto peso, pero lo tuvo porque hasta ese momento nada señalaba a la mujer negra, que seguía siendo la gran ausente social, y llamaba la atención verla aparecer en una obra de teatro”, dijo.


Luego vendría la puesta de obras como “La Cadena Invisible” de Carlos Ferrara, “Al costado del camino” de su propia autoría y “Cuánto cobrás” de Ingrid Luciano; todas obras en las que aparece “la interseccionalidad de racismo” además de la desigualdad de género como temática.



Párrafo aparte merece el proyecto de investigación multidisciplinar “Certificar nuestra existencia” realizado por la TES y que tiene como coautoras a la propia Egido, a la antropóloga Lea Geler, a la especialista en estadística Rocío Recalt y a la también integrante de la Asociación, Carmen Yannone.


Esta investigación sirvió de sustrato además para la última obra de la compañía que llevaba pocas semanas en cartel en el Centro Cultural Rojas cuando se decretó la cuarentena, “No es país para negras II”.


“Decidimos investigar sobre la realidad socioeconómica de la mujeres afro y como una de las zonas de más presencia afro es La Matanza, hicimos allí los contactos”, contó.


“Una afroargentina aceptó recibirnos en la casa familiar donde acostumbraban a reunirse mujeres, un lugar de mucho jubileo donde una vez al mes fuimos presentando nuestras obras de teatro y, cuando terminaban, hacíamos debate”, dijo.


"Afrolatinoamericanas. De Voces Susurros, Gritos y Silencios". Foto Ignacio López

Así transcurrió un año al cabo del cual “ya éramos un grupo grande de mujeres negras entre las que repetían las mismas demandas”, lo que les hizo preguntarse “si el resto de las mujeres afro de la zona que no estaban participando, tenían las mismas inquietudes”.


Egido explicó que “siete compañeras se hicieron cargo de realizar 20 entrevistas cada una” a mujeres que se reconocían como afrodescendientes, “con lo cual nuestra muestra de fue de 140 entrevistadas”.


Disponible en internet, este relevamiento demostró que las mujeres afro sufren fuertemente la discriminación que se manifiesta en la hipersexualización, la extranjerización, la negativa al autoreconocimiento, la dificultad para acceder a un trabajo por su color de piel, el bulling, entre otras formas menos conocidas, como la costumbre de tocarse el codo o la rodilla cuando se cruza a una persona afrodescendiente en la calle para atraer la buena suerte.


“De ese trabajo sale nuestra obra “No es país para negras II” que se estrenó en 2018 y contiene casi todas las anécdotas que analizamos en esa investigación”, contó.


Al final de ésta como de cada una de las obras, la función incluye un espacio de debate porque “como el tema no está instalado en la escuela, siempre nos queda la duda de qué quedó en el público” cuya principal reacción suele ser de “asombro por ver actrices que no se murieron con la fiebre amarilla ni con la guerra del Paraguay”.


No obstante, Egido no se considera una artivista (conjunción de artista y activista), sino “una mujer de teatro” consciente, sin embargo, de que “las obras teatrales obran ideas y no puede dejar de ser visto como un signo político la aparición en escena, como intérprete, a una mujer negra; aunque uno lo que esté contando es cuánto calor hace en Buenos Aires”.


Como particularidad de los últimos años, Egido destaca la existencia de “un extraordinario movimiento de mujeres de teatro negras”, que incluso en pandemia realizaron ya dos foros virtuales a nivel latinoamericano donde “lo más valioso es que estamos haciendo y hablando en nombre propio, con nuestros propios relatos”.


“En el mundo entero, las mujeres no estamos en los espacios de decisión en la cultura y a cualquier teatro que vayamos, de aquí o del mundo, veremos que hay muy pocas directoras y escritoras pero muchas costureras o maquilladoras, que son espacios donde el patriarcado nos ubica”, dijo.


“Y si eso le pasa a las mujeres en general, ¡en qué puntos estaremos las creadores negras que para hablar escena estamos hablando y partiendo de nosotras porque no hay dramaturgia!”, afirmó.


Es que “cuando ves una mujer negra en una obra de teatro, siempre es un personaje ocasional” y las actrices afro pueden representar a “una esclava o una sirvienta que entró tres minutos con una taza de café” pero raramente es la protagonista o una heroína en la historia.


“Hoy vemos que hay un movimiento fuerte de mujeres afros en escena, dirigiendo, escribiendo y haciendo de todo”, concluyó.


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