Perfiles de la nueva derecha


por Pedro Fernández Mouján


Doctor en Historia de la Universidad de Buenos Aires e investigador del Conicet del Instituto Ravignani, Fabio Wasserman acaba de publicar En el barro de la historia: política y temporalidad en el discurso macrista, un libro que se propone deconstruir el aparato político de la derecha argentina que gobernó el país entre 2015 y 2019 y que luego de una "desastrosa gestión económica" concitó el 40% de adhesión en las urnas.


Como nota saliente, Wasserman destaca que "el macrismo logró por primera vez para la derecha argentina presentarse como una fuerza política innovadora", a partir de un discurso que tomó el esqueleto conceptual del neoliberalismo junto a concepciones new age y meritocráticas y que logró una efectiva operación en relación con la temporalidad, robándole al progresismo y las doctrinas igualitarias el concepto y la perspectiva de futuro para ponerlas al servicio de una ideología centralmente antiigualitaria.


Con operadores como Jaime Durán Barba, Marcos Peña y Alejandro Rozitchner, el macrismo, dice Wasserman, logró articular en su discurso dos vetas aparentemente antagónicas: un desprecio del pasado -considerado como un lastre de frustraciones-, junto a una interpretación de la historia nacional anclada en una visión tradicional y conservadora.



Piñera, Lagarde, Trump, Bolsonaro, Macri (Ilustración Adriana Gordillo Besalú)

"Una de las razones del triunfo del macrismo en 2015 fue su exitosa apropiación del futuro", elaborar una narrativa histórica sobre el progreso y la decadencia argentinas y haberse transformado en una "posibilidad exitosa" de antiperonismo.


El análisis de la temporalidad política es el núcleo del trabajo, que se valió de las redes sociales para diseccionar la particular aparición de una nueva plataforma política de la derecha argentina que parece en pleno desarrollo y maleable también a transformaciones futuras.


Autor de una biografía de Juan José Castelli y docente de la cátedra de Historia Argentina del Siglo 19 en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Wasserman dialogó con Vertientes del Sur de algunas de las cuestiones que plantea En el barro de la historia.


-Entre las primeras cuestiones que resaltan en el trabajo está entender al macrismo como un dispositivo político exitoso de las clases propietarias que puede promover una ilusión común que está en el futuro.

-Una de las cosas distintivas del macrismo es que logró por primera vez para la derecha argentina presentarse como una fuerza innovadora, renovadora, que mira hacia adelante cuando tradicionalmente las derechas lo que planteaban era como un regreso a un momento idílico, a una etapa anterior, a una suerte de edad dorada. El macrismo, por el contrario, explícitamente dice "nosotros queremos transformar las cosas, somos revolucionarios". El macrismo asume esa capacidad de decir "nosotros venimos a ofrecer algo que es distinto hacia el futuro", aunque no quede del todo claro qué es ese futuro.

-¿Cómo surge esta visión innovadora?

-La visión orientada hacia el futuro está vinculada a ciertas ideas del neoliberalismo, como la idea de que la sociedad ha vivido hasta ahora en el error porque está dominada por instituciones y normas colectivistas que oprimen a los individuos y que entonces hay que cambiar todo eso para que los individuos puedan desarrollarse libremente, la idea de una especie de revolución, no en la cual el Estado viene a construir una instancia igualitaria nueva sino a liberar al individuo del peso de las instancias colectivas que lo oprimen.


Fabio Wasserman

-En esta cuestión que planteás del macrismo de dejar el pasado atrás parece resonar también la idea de borrar la década del 70.

-Sí, parte del problema del macrismo con el pasado, claramente, son los 70. Uno cree, por Lopérfido o por algunos otros sectores, que el discurso tiene que ver con discutir si fueron 30 mil desaparecidos o no y mi impresión es que Macri, Marcos Peña, Alejandro Rozitchner, prefieren no hablar del tema, que quede en el olvido, una especie de borrón y cuenta nueva; lo ven como un momento malo para la Argentina que mejor olvidar, ese sería un poco el gesto del macrismo en relación con los 70. Pero el tema es que eso no es posible y al no ser posible, el discurso más afín a ellos es el que termina imponiéndose, que es el negacionismo, la teoría de los dos demonios o sus variantes. Porque es claro que de todos los pasados que todavía repercuten en el presente ese es el más evidente.

-En relación con el pasado, en el libro te abocás al tema del nuevo diseño de los billetes, sustituyendo a personajes históricos por animales.

-Hay un límite con estas políticas de omitir el pasado. Sacás a Roca o a Rosas de los billetes y después tenés el conflicto de las comunidades mapuches en torno del acceso a la tierra y el agua que son del presente. Por eso, más allá de todo este "futurismo", no podés gobernar sin una interpretación del pasado y ahí entonces aparece otra veta del discurso macrista, que al mismo tiempo que se presenta como una fuerza post-ideológica que plantea la necesidad de olvidar el pasado reúne interpretaciones sobre la sociedad argentina que tienen un carácter histórico que son muy tradicionales y muy conservadoras.

En el macrismo hay una discusión en relación con esto, Luis Alberto Romero y otros intelectuales plantean la necesidad de armar un relato propio para no quedar pegados a un relato histórico que ya está hecho y que es el relato tradicional conservador. Obviamente que el nuevo relato recuperaría mucho de eso pero estaría armado a partir de esta mirada hacia el futuro.


-También en relación con el pasado juega el antiperonismo.

-Una cuestión clave vinculada al consenso que el macrismo logra desarrollar en amplios sectores de la sociedad es que es el antiperonismo posible en la Argentina del presente. En su construcción pesa mucho el antiperonismo en general y el antikirchnerismo en particular. Es posible que después de la crisis del 2001 se fueron alineando dos bloques: uno con el polo en el kirchnerismo y otro con el polo en el macrismo y que a partir de esos dos polos fuertes se fueron organizando las configuraciones políticas. Una fuerza política que saca el 40% de los votos después de una gestión económica desastrosa representa algo de la sociedad. No lo único, pero un elemento central que unió al macrismo fue el antikirchnerismo, mucha gente que terminó votando o adhiriendo a Macri lo hizo a último momento, incluso dentro de las clases propietarias, estaban los que apoyaban a Scioli para que rompiera con el kirchnerismo, los que apoyaban a Massa, sectores que no confiaban en Macri.


-Lo que parece faltarle al macrismo es la experiencia concreta de lucha y de conquistas, una experiencia de algún modo corporal de los sectores trabajadores, populares y el peronismo.

-No sé si tanto, por un lado se la proveen otras fuerzas de la alianza como el radicalismo o alguna pata peronista, pero creo que también se la van generando ellos mismos, de hecho gobiernan la Ciudad de Buenos Aires desde hace 14 años, ya tienen una experiencia con capacidad de movilizar. Es cierto que para el núcleo duro de Durán Barba y Marcos Peña aparentemente esto nunca fue relevante, ellos proponían ir por otro lado, entonces decían "la calle no importa". Pero ahora advierten que la calle importa, y de hecho durante la pandemia hicieron movilizaciones. También algo que excede al macrismo pero de algún modo le pertenece, es la experiencia del 2008 de

los piquetes de las patronales agropecuarias. Ahí hubo movilizaciones que articularon no solo a pequeños grupos sino a sectores importantes de la sociedad, sobre todo del interior. Y esto ya viene de antes, está la marcha de Blumberg del 2004, que movilizó sectores por fuera de los que se movilizaban hasta entonces y modificó el Código Penal. Entonces existe esa experiencia. Hay una tradición, incluso mucho más antigua, porque nosotros siempre recordamos el 17 de octubre de 1945, pero el 19 de septiembre de ese año hubo una marcha que se llamó de la Constitución y la Libertad que pedía que el gobierno militar renunciara y le pasara el poder a la Corte Suprema, y poco tiempo después de eso ponen preso a Perón, o sea que hay una capacidad, quizás menos ejercida, menos cotidiana, pero existe algo en ese sentido.

-El planteo de la temporalidad, de la derecha presentándose como algo en relación con el futuro parecería ser también una cuestión internacional si uno piensa en Díaz Ayuso en Madrid o en el mismo Trump en Estados Unidos.

-Es mundial y en cada lugar se da de manera distinta, porque en el caso de Trump, por ejemplo, él sí tenía una mirada sobre el pasado, él decía "volvamos a ser la América grande", mientras que el discurso de Macri en el 2015 era "no miremos para atrás, miremos para adelante". Trump tiene otros componentes ideológicos en esta idea de volver a un pasado que no define, porque así como Macri no te dice cuál es ese futuro, Trump tampoco te dice cuál es ese pasado. Pero es cierto que uno puede ver en las nuevas derechas esta idea de la transgresión, de los nuevos valores, es un fenómeno a escala mundial que es una de las razones por las cuales tienen algún grado de atractivo sobre todo para los jóvenes. El neoliberalismo desarrolla una retórica que tiene la capacidad de presentarse como si no hubiera sido parte de ninguna experiencia existente y entonces puede impugnar todo y plantearse como puro futuro.

Es paradójico porque ante el avance del capitalismo sobre los modos de organización social, los que debieran estar promoviendo los cambios en una dirección igualitaria y de mayor justicia, muchas veces por la propia dinámica política y por las relaciones de fuerzas materiales, lo que están haciendo es sostener lo que hay porque sino se viene el desastre.

Hoy en día lo más rico en términos de perspectiva y de horizonte de cambio desde el campo que promueve la igualdad son los movimientos feministas, donde hay planteos que promueven nuevas relaciones sociales, nuevas formas de igualdad o que identifican formas de marginación, de explotación o de subordinación que por ahí no eran tenidas en cuenta y que logran movilizar a las sociedades.


-¿Cómo fue el trabajo a partir de fuentes como las redes sociales?

-Cualquier cosa puede ser una fuente para un historiador, el tema es saber interrogarlas. Las fuentes no te dicen nada, uno tiene que hacerlas decir cosas pero tampoco puede forzarlas a que digan cosas que no están ahí. Yo en los últimos años participo en las redes sociales, Twitter, Facebook, tenía una cierta familiaridad, lo que genera otras cuestiones de perspectiva que no es sólo cómo analizo yo el presente en el que estoy involucrado sino cómo analizo un dispositivo de enunciación en el que también estoy involucrado. Por otro lado, lo que tienen de fantástico las redes sociales para un historiador es la posibilidad de acceder a las voces de los sectores populares o la gente común. Yo trabajo habitualmente sobre el siglo 19 y acceder a esas voces es muy difícil y por lo general se accede a través de alguna mediación como, por ejemplo, la de los archivos judiciales, en cambio a través de las redes sociales podés leer lo que circula en la ciudad y en el país, porque aún con tonos distintos, los contenidos de los enunciados de las redes son similares a los de la vida cotidiana. Entonces tenés esa posibilidad de acceder a discursos a los que los historiadores no siempre podemos acceder.