La Verdad de la guerra en Colombia

Colombia ocupó en los últimas días una de las escenas centrales en la política latinoamericana: no sólo asumió un nuevo presidente, Gustavo Petro, opuesto a la política neoliberal y represiva de su antecesor Iván Duque abriendo expectativas de transformación social en el país, sino que además se presentó el informe de la Comisión de la Verdad que sacó a luz los horrores de la guerra interna que asesinó, mutiló y enfermó a la población civil a lo largo de los últimos 60 años.



Por Marta Gordillo


Poco se sabe fuera de Colombia, e inclusive allí mismo, sobre esta guerra que azotó al país bolivariano donde murieron más de 700 mil personas y hubo unos 120 mil desaparecidos. El Informe de la Verdad, recientemente concluido tras casi cuatro años de trabajo, aporta al esclarecimiento del conflicto armado en el que los paramilitares, el ejército, el Estado y la guerrilla fueron los actores principales.

Esta contienda “más que una guerra civil fue una guerra contra los civiles” sostuvo el comisionado, médico y filósofo, Saúl Franco en una entrevista con Vertientes del Sur, durante su estadía la semana pasada en Buenos Aires, donde se presentó el Informe de la Verdad luego de que se diera a conocer anteriormente en Colombia y en días subsiguientes en distintos países.

La afirmación de Franco se basa en datos concretos: alrededor del 80, 90 por ciento de las víctimas pertenecen a la población civil, y entre ellos el principal afectado es el campesinado.

Saúl Franco, miembro de la Comisión de la Verdad

El momento más crudo de la guerra fue entre mediados de la década del 90 y el 2006, cuando se producen el 70 por ciento de los hechos de violencia, según el Informe minucioso y riguroso que recoge las voces de miles de personas de distintos sectores sociales y de diferentes actividades, y los aportes de cientos de organizaciones.


Este informe, que de alguna manera sintetiza un proceso de seis décadas en las que se fue desangrando el país, tiene una fuerte centralidad que en sí mismo lo convierte en un hecho histórico que abre ahora un desafío para Colombia: avanzar sobre las recomendaciones que hace la Comisión de la Verdad para lograr un camino sin violencia en uno de los países más violentos de la región.


“El informe de la comisión es un trabajo que ha significado un esfuerzo muy grande de todo el país en el que se ganó el derecho a la verdad, no de un sector sino de toda la sociedad, y en esto, la Comisión tuvo el acierto de haber abierto una escucha universal; nosotros escuchamos alrededor de 30 mil personas en todo el territorio nacional”, expresó el comisionado.


Los que hablan, los que cuentan lo que vivieron, cómo lo vivieron, lo que perdieron y presenciaron los hechos, van desde las poblaciones “de las regiones indígenas más apartados, de las regiones rurales de más difícil acceso hasta los grandes centros urbanos, y no sólo en comprensión geográfica sino en comprensión socio política”, aseguró Franco, preocupado por los efectos de este conflicto en los colombianos, quien lleva más de 40 años investigando sobre la relación entre la violencia y la salud.



Al profundizar sobre la situación de las víctimas, destacó que la mayoría “no pertenecía al sector de los combatientes, fueron fundamentalmente jóvenes, campesinos, habitantes a los que les tocó vivir condiciones de exclusión histórica muy grande”.


“Entre ellos están los pueblos afrocolombianos y los pueblos indígenas, pero esta marca de quiénes son las víctimas nos habla de una guerra contra los civiles, en donde los familiares o vecinos o aquellos simpatizantes de algunos de uno de los actores armados se convertían ‘per se’ en víctimas potenciales y lo fueron en muchos casos de amenazas, desplazamientos, exilios, asesinatos o distintas formas de violencia. Este es uno de los hallazgos fundamentales en el trabajo de la Comisión por la Verdad”, encabezada por 13 miembros, precisó Franco.


“Nosotros -añadió- escuchamos a todos los sectores, y nuestra prioridad, nuestro foco siempre fueron las víctimas, el informe es su voz, pero no sólo escuchamos a las víctimas, sino también a los distintos sectores armados, a la fuerza pública, a los ex combatientes de las FARC, a algunos miembros que estuvieron en el ELN, a empresarios, universitarios, sectores de la iglesia, de clase media, a los campesinos”.


“Tenemos la satisfacción de decirle al país que hicimos una escucha universal, escucha directa, y hubo más de 1200 informes producidos por organizaciones, personas, dándonos cuenta de problemas y violencias de distinta índole”, enfatizó.



La pregunta que surgió inicialmente sobre cuál era el porqué de la guerra se convirtió luego “a partir de escuchar todas las voces directas de la gente y de hacer un análisis comprensivo, histórico, político y social de ese porqué, en ¿por qué sigue la guerra?, señaló el comisionado.


-¿Qué significa que sigue la guerra?

-A pesar de los intentos de acuerdos en muchas regiones, la guerra persiste.

Entre los once hallazgos de la Comisión, te destaco lo más importante, que es a la vez lo más obvio, que en Colombia ha habido y hay una confrontación armada, pero en el país e inclusive en el exterior hay un negacionismo con el conflicto colombiano, para muchos aquí no hay conflicto armado, dicen que lo que ha habido es un enfrentamiento de un Estado legítimo y un ejército legítimo con unos narcoterroristas. Realmente hubo un negacionismo grande, y la primera conclusión es que sí ha habido una confrontación armada que ha sido la expresión de luchas de poder muy viejas en el país por el poder económico, político; en el campo económico por el poder de la tierra, de los recursos naturales, posteriormente por el poder de la coca y de la cocaína. Hay unos intereses económicos nacionales y trasnacionales muy grandes que configuran lo que llamamos el entramado de esta guerra, además de los intereses políticos muy fuertes de tomar el poder.


-Decías que el momento más crudo de la guerra fue entre la mitad de los 90 y el 2006.

-Sí, ese fue otro hallazgo, en esa década fue cuando todos los sectores se la jugaron entero; las guerrillas en ese momento pensaron que tenían la capacidad política y militar de tomar el poder, concretamente las FARC.


-¿Y los paramilitares y el narcotráfico?

-El paramilitarismo llegó a tener un proyecto de poder, hablaban de refundar el país; el narcotráfico ha sido un factor fundamental de persistencia de la guerra, y si bien la guerra en Colombia es más vieja que el narcotráfico, el narcotráfico fue un combustible muy grande y fue un factor de degradación de la guerra porque lo que les interesaba no era un proyecto político sino económico de la riqueza, del acaparamiento, de la posesión de la tierra, del cultivo, el consumo. En esa década, al mismo tiempo, el ejército colombiano tuvo el mayor apoyo de Estados Unidos con el Pan Colombia. Y en esa década se dio el 70 por ciento de todos los hechos de violencia de los 60 años y justamente es donde pudimos ver con mayor claridad estos factores de existencia y persistencia de la guerra, las inequidades estructurales, el racismo estructural. La impunidad enorme fue otro factor importante.


-Hay un tema que es central en Colombia y es el problema de la tierra

-El problema de la tierra ha estado en la médula del conflicto a lo largo de todos los momentos, en los orígenes de la guerrilla en la década del 60, cuando parte de las guerrillas surgieron como autodefensas campesinas, defendiendo el derecho a la tierra, el derecho a una vida tranquila en el campo con seguridad, educación, salud; hay que reivindicar el campo, por eso una de las propuestas de la Comisión es que la paz tiene que nacer respondiendo a las necesidades concretas de las distintas regiones, por eso la paz tiene que ser territorial. El problema de la tierra en Colombia es caótico, muchos de los grandes propietarios no tienen títulos de propiedad y muchos campesinos, indígenas, pueblos afrocolombianos no tienen una garantía legal de la posesión de sus tierras.


-La Comisión va de la pregunta del por qué la guerra a por qué la continuidad de la guerra en la actualidad ¿Cuál fue entonces la pregunta final?

-A partir de ese por qué, de ese esclarecimiento, de esos factores de persistencia, la pregunta final es ¿qué hacer para que no persista la guerra? y así surgieron una serie de recomendaciones, recomendaciones que no las imaginamos ni las sacamos de la manga. Fue un trabajo en el que no estábamos sólo los comisionados y comisionadas, llegamos a ser unas 700 personas en todo el país analizando qué proponer para que no persista esto. Recibimos más de 10 mil recomendaciones, y nosotros elaboramos, procesamos, agrupamos e hicimos un paquete de recomendaciones y las principales van en el sentido de reconocer que a pesar de varios intentos de negociación, nunca la paz fue un proyecto nacional.

La gran propuesta de la Comisión de la Verdad es que hay que convertir la paz grande, la paz completa en el proyecto nacional, y por lo tanto es el gran objetivo, no sólo del gobierno que empieza sino de los que seguirán porque éstas no son transformaciones que se van a hacer en un año.

Ahora hay una coyuntura favorable con el nuevo gobierno que ya se comprometió públicamente a hacer de las recomendaciones de la Comisión parte de su plan de gobierno. En educación ya acordaron que los contenidos de la Comisión van a ser parte del proceso educativo de todas las escuelas del país.

Desafortunadamente el gobierno saliente no tuvo una actitud positiva frente a la Comisión, no hubo interés ni apoyo político.


-En este marco ¿cómo se combate al narcotráfico?

-Es necesario implementar el tratamiento a fondo del problema del narcotráfico, no tratar a los consumidores como criminales o criminalizar a los campesinos que producen la coca sino tocar a los grandes intereses del gran capital financiero trasnacional donde se mueve esta riqueza. Y eso se logra afectando esos núcleos del poder central y del poder macroeconómico y macropolítico. Hay que tratar de legalizar los consumos y hacer una acción internacional grande para lo cual Colombia tiene toda la autoridad moral por lo que le ha tocado sufrir y por ser el principal país productor de coca en este momento y epicentro del tráfico internacional de coca. Colombia tiene la autoridad para llamar la atención para que no se siga por donde se va. A su vez es necesario trabajar los problemas de la seguridad nacional que son gravísimos, porque realmente encontramos que en Colombia hay una seguridad más orientada a señalar y declarar como enemigo interno a cualquiera que piensa distinto, perseguirlo, estigmatizarlo, señalarlo y en muchos casos eliminarlo, una seguridad orientada a defender los grandes intereses macroeconómicos y macropolíticos.

-Hablamos de la Doctrina de Seguridad Nacional

-Exactamente, es exactamente lo mismo que ha tenido vigencia en distintos países y en países con conflicto armado como Colombia. Se volvió la manera de estigmatizar a cualquiera que no estuviera alineado con el establecimiento o que pensara diferente, a dirigentes gremiales, populares.

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El informe, que tiene casi 900 páginas, se titula “Hay futuro si hay verdad” y tiene 10 capítulos que revelan múltiples masacres, abusos sexuales, desapariciones forzadas, torturas, desplazamientos de millones de personas, entre tanta destrucción y traumas colectivos que produjo la guerra, y señala al Estado como "uno de los grandes responsables de los asesinatos sistemáticos que dejó el conflicto”.

Los capítulos o tomos abarcan el relato histórico del conflicto armado interno en Colombia bajo la denominación “No matarás”; los relatos territoriales sobre el conflicto armado en el capítulo “Colombia dentro”; las violaciones de los derechos humanos, infracciones al Derecho Internacional Humanitario y responsabilidades colectivas en el tomo “Hasta la guerra tiene límites”; las experiencias de mujeres y personas LGBTIQ+ en el conflicto armado colombiano en el capítulo “Mi cuerpo es la verdad”.


Otros capítulos tratan los impactos, afrontamientos y resistencias bajo el título “Sufrir la guerra y rehacer la vida”; las violencias y daños contra los pueblos étnicos de Colombia en el volumen “Resistir no es aguantar”; las verdades del exilio en “La Colombia fuera de Colombia”; la situación de los niños y niñas en el conflicto armado en el tomo “No es un mal menor”.


Luego está el volumen testimonial llamado “Cuando los pájaros no cantaban” y el capítulo de los Hallazgos y Recomendaciones de la Comisión de la Verdad, que es el principal porque “hace un esfuerzo sintético y analítico, y además es el más abierto al futuro”, concluyó Franco.