Ni dios, ni patrón, ni marido.

El primer diario argentino de mujeres, a fines del siglo XIX, planteó la lucha antipatriarcal


por Sol Bove*


Un grupo de trabajadoras anarquistas publicaron en 1897 el periódico “La voz de la mujer”, el primero escrito por mujeres en la Argentina que, aunque no se autodenominaban feministas, sus reivindicaciones amalgamaban planteos de lucha por sus derechos con reclamos clasistas. Muchos de ellos siguen siendo hoy, a más de un siglo, problemáticas vigentes en la lucha antipatriarcal.


Estas obreras, pioneras de la lucha feminista, constituyeron una corriente específica dentro del movimiento obrero, única y novedosa en ese período en América Latina, y si bien no lograron realizar en aquel momento el programa que proclamaban, fueron precursoras y pasaron la posta a otras generaciones de mujeres.


“La voz de la mujer” reflejaba las principales problemáticas de género: el sometimiento doméstico; la ausencia de leyes que otorguen derechos a las mujeres y que por el contrario obraban a favor de la dominación masculina; la familia como institución burguesa; temas sexuales y reproductivas; el matrimonio y la imposibilidad de romper los vínculos; el adulterio; enfermedades de transmisión sexual; falta de planificación familiar.

Asamblea de Trabajadoras

Estas cuestiones eran planteadas junto con otras injusticias que sufría toda la clase obrera, la explotación laboral y dentro de ésta la sobreexplotación de mujeres y niños, las condiciones de miseria, la falta de acceso a la educación.


A fines del siglo XIX el crecimiento demográfico en las urbes, producto del desarrollo de un capitalismo dependiente y la necesidad de importar trabajadores, trajo aparejada la conformación del movimiento obrero y el arribo de ideas socialistas y anarquistas, en un contexto de crisis económica y pauperización del incipiente proletariado.


Ante la pobreza extrema, las mujeres ingresaron al mercado laboral como trabajadoras fabriles. La crianza de los niños y el cuidado del hogar dejarían de ser la ocupación exclusiva de las mujeres de los sectores populares.


En este nuevo rol las mujeres se veían sometidas a una doble opresión, ya no eran solo oprimidas dentro del marco doméstico por padres y maridos, sino que ahora también se hallaban sometidas por los patrones; ingresaban a trabajar en los puestos de más baja calificación y menor remuneración.


Además eran víctimas de maltratos y en muchos casos de acoso o abusos sexuales por parte de los patrones y sus hijos.

Trabajadoras de finales del siglo XIX

Surgieron entonces los movimientos de mujeres como fenómeno social, un despertar femenino de la conciencia y militancia por sus derechos que llevó al desarrollo de diferentes formas de lucha reivindicativa, cuyo contenido y forma variaron según la clase social de pertenencia, la experiencia dentro de la estructura laboral y la posición ideológica.


Entre las mujeres de los sectores populares, surgió este feminismo relacionado con cuestiones de género y de clase, que se materializó en el terreno de la lucha reivindicativa revolucionaria. "Doblemente esclavas de la sociedad y del hombre”, estas mujeres trabajadoras adhirieron a las ideas anarquistas.


En los albores del movimiento obrero las mujeres participaron de las Sociedades de Resistencia masculinas; la organización gremial separada por sexo constituirá un fenómeno de la última década del siglo XIX al ritmo del constante incremento de la fuerza de trabajo femenino.


Es en este contexto cuando surge el 8 de enero de 1896 el primer periódico anarquista de la Argentina “La voz de la mujer”, realizado por mujeres y para mujeres, que duró un año y publicó 9 números.



En el primer número expusieron los propósitos y fundamentos que las llevaron a realizar un periódico anarquista de mujeres, "hastiadas ya de tanto y tanto llanto y miseria, hastiadas del eterno y desconsolador cuadro que nos ofrecen nuestros desgraciados hijos, los tiernos pedazos de nuestro corazón, hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”.

Virginia Bolten y sus compañeras

¿Quiénes eran ellas? Poco es lo que se sabe, pertenecían a los sectores populares, eran trabajadoras, obreras fabriles, con escaso o ningún estudio, mcuhas eran inmigrantes de las comunidades española e italiana.


En las publicaciones aparecían los nombres de Pepita Gherra, Teresa Marchisio, María Calvia y Josefa Martínez; y Virginia Bolten, quien dirigió “La voz de la mujer” en 1899 en su versión rosarina.


Es por esto que su prédica se dirige no sólo a las mujeres sino también a los y las trabajadoras en general, y dentro del universo femenino se dirigen específicamente a las mujeres de los sectores populares, las burguesas son consideradas enemigas al igual que los hombres burgueses.

Virginia Bolten AGN

Reaccionaron asimismo contra el feminismo de las mujeres educadas de clase media, al que tildarán de burgués y

reformista; este feminismo en general se encuadró dentro de la doctrina socialista, por eso las anarquistas no se definían como feministas, ya que el feminismo propugnaba derechos que formaban parte del ordenamiento jurídico que proponían abolir.




No obstante, el contenido del periódico era feminista, clasista y combativo. Feminista en tanto interpelaba a la mujer para que despierte su conciencia y advierta y se rebele contra la opresión masculina.

Obreras fichando a la hora de entrada. AGN

Era clasista porque estaba escrito por obreras y se dirigía especialmente a las mujeres trabajadoras y a la clase obrera en general, y era combativo porque llamaba a luchar contra el sistema capitalista mediante los ideales de la anarquía y la destrucción del estado burgués mediante la revolución social.


Centraban su prédica en la estructura autoritaria de la institución familiar ya que consideraban que los cimientos de la dominación social y patriarcal se hallaban en el hogar.


Consideraban que las mujeres eran cómplices del patriarcado al cooperar con la reproducción del orden conservador, porque lo naturalizaban y aceptaban obstaculizando de esta forma una posible transformación de la mentalidad masculina e imposibilitando una movilización que devendría en lucha social.



Por eso las anarquistas llaman a las madres a “educad bien a vuestros hijos! si queréis que sean hombres libres, de nobles sentimientos; para que luchen para obtener su completa libertad y no tengan que luchar por la existencia”.


“Pero debéis darle -continúan en sus páginas- una educación sana y no la llamada educación o moral burguesa(…) No debéis enseñarles nunca la desigualdad de clases; enseñadles que somos hijos de la naturaleza, que todos venimos al mundo con los mismos privilegios (…) enseñadles que la religión es la atrofia de la mente(…) enseñadles a despreciar y no acatar la autoridad de ningún individuo”.


Una línea directa une pasado y presente y nos encuentra hoy con movimientos feministas que renacen con fuerza y combatividad en el siglo XXI, que continúan logrando conquistas y escribiendo nuevas páginas en la historia del feminismo.


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Obreras saliendo de una fábrica. AGN

*profesora de Historia