Freire: "Quiero que me reinventen"


El pensamiento político pedagógico del educador brasileño Paulo Freire, a 100 años de su nacimiento, cobra cada vez más vigencia como una herramienta para la formación crítica y la transformación social frente a los procesos de opresión y exclusión de las últimas décadas, en la medida en que se tome su planteo de no repetirlo, sino reinventarlo, es decir "leerlo en las coordenadas de nuestro tiempo".


por Marta Gordillo


La significación y vigencia de la obra de Freire se viene discutiendo en los últimos meses en foros, conversatorios y distintos espacios de debate que muestran hasta qué punto la perspectiva de la Educación Popular se encarnó en organizaciones sociales y sectores de las clases populares.


“No hay ninguna duda de que el pensamiento de Paulo Freire sigue vigente”, precisó en diálogo con Vertientes del Sur la educadora Norma Michi, actualmente directora de la Maestría en Educación de Adultos de la Universidad Nacional de Luján (UnLu), docente jubilada, investigadora y militante del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase Vía Campesina) donde se creó en 2011 la Universidad Campesina, Sistemas Rurales Indocampesinos.


Esta oportunidad de pensar y repensar a Freire, entre permanencias y cambios, junto al reciente aniversario de los 50 años de la primera edición de su obra Pedagogía del Oprimido, revela la necesidad de volver, como planteaba el educador brasileño, a revisar la trayectoria y la práctica educativa en forma permanente.


“Hablar hoy de la educación popular y de la influencia freireana va muchísimo mas allá del recorte de la educación de adultos inicial con pobres del campo; hoy es hablar de la educación pensada para las mayorías que incluye decididamente a los niños, que incluye temáticas donde la opresión ya considera mucho más expresamente las relaciones de género, las relaciones étnicas, el colonialismo”, expresó Michi, aludiendo a los tiempos iniciales de la práctica alfabetizadora de Freire con los campesinos del nordeste brasileño.

Norma Michi

Desde Santiago del Estero, reafirmó que sigue vigente la necesidad de comprender otra forma de relación con el conocimiento y otra relación entre educadores y educandos; y señaló que el pensamiento de Freire ha sido tomado como bandera, como herramienta por muchos, en Argentina en particular y en América Latina en general, al igual que, lo que se derivó después, la llamada Educación Popular, que ha convocado a una variedad enorme de sujetos y de experiencias.


La educadora señaló que Freire emerge en los años ’60, “una década muy esperanzada que pensaba mucho en las posibilidades de transformación social, después de la Revolución Cubana, y que fue el inicio de su pensamiento pedagógico. Él continuó después elaborando, incluso Pedagogía del Oprimido que es aún más producto de sus reflexiones de cuando participó de la reforma agraria en Chile”.


En esta misma línea se ve cómo el pensamiento de Freire “fue muy fuerte para toda América Latina y para el mundo porque puso dos o tres cosas en el centro de la cuestión, como el hecho de las relaciones de opresión, sociales, que abarcan muchas dimensiones, que por supuesto son de clase, pero también abarca otras dimensiones, estamos

hablando de que él estaba pensando fundamentalmente en campesinos adultos, pero estaba pensando también en todas las relaciones de opresión”, destacó Michi.

Añadió que fue uno de los primeros que planteó muy claramente el carácter político de la pedagogía y el carácter pedagógico de la política.


“Pero fundamentalmente lo que él plantea es que la relación de opresión puede reproducirse en la relación pedagógica, en la relación con el conocimiento, y no es que la educación lo que tiene que hacer es ser ‘bancaria’ de otro discurso, sino establecer una relación dialógica entre personas y con la realidad para intervenir y actuar sobre ella, y transformarla”.


En este sentido, también se expresó Fernando Santana, miembro fundador de la Coordinadora de Educadores e Investigadores Populares (Ceip histórica), la organización social que dio inicio al proceso de los bachilleratos populares en el país en 2004, al destacar que “si bien toda educación es política, la política también tiene una educabilidad, esta idea es sin duda importante para pensar qué nos dice Freire y qué nos sigue diciendo hoy”.



“Es uno de los principales aportes de la pedagogía freireana”, enfatizó tras recordar “las tres preguntas que nos invita a hacernos a quienes llevamos adelante prácticas de educación popular, que tienen que ver con explicitar para quién enseñamos, para qué enseñamos, y en contra de quien, estas preguntas son una hermosa guía para direccionar proyectos y propuestas emancipadoras, y nos ayudan a definir nuestra posición ética y política”, precisó.


Educador del Bachillerato Popular IMPA, ubicado en el barrio porteño de Caballito, que surgió en esa fábrica recuperada en 2004 como el primer bachillerato bajo la concepción pedagógica de la Educación Popular, Santana precisó a Vertientes del Sur que “otra idea importante de Freire es este llamamiento a no copiarlo, a reiventarlo, y este reiventarlo tiene que ver con poder leerlo en las coordenadas de nuestro tiempo, en este tiempo que estamos viviendo”.

Fernando Santana Bachillerato Popular IMPA

Los sentidos de la educación, su potencialidad de accionar sobre la realidad y la vida de los sujetos implicados, está en el núcleo del pensamiento de Freire. “La educación no cambia al mundo pero si cambia a las personas que van a cambiar al mundo”, decía.


Santana sostuvo que pensar el tema de los límites de la Educación Popular “tiene que ver con ciertos reduccionismos que se han hecho, porque va mas allá de los límites de una escuela, de un bachillerato popular y tiene que ir necesariamente mas allá porque si la encerramos, la anulamos. Cuando Freire dice que la Educación Popular tiene que servir para generar organización popular, me parece que ahí tenemos una gran tarea pendiente”.

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En este proceso pedagógico, “es clave la tarea de desaprender no solo lo que tiene que ver con nuestras propias prácticas sino también con nuestras visiones o sobre lo que es llevar adelante un proyecto emancipador, justamente porque venimos de una formación reproductora de este modelo, por eso la importancia de repensar mirando nuestra práctica permanentemente”, destacó el educador del Impa.


Por su parte, Laura García Tuñón, educadora e integrante del colectivo Endyep (Encuentro entre Docentes y Educadorxs Populares), quien viene acompañando y realizando experiencias de bachilleratos populares desde su inicio, coincidió en que “Freire sigue vivo, nos sigue guiando con su praxis transformadora, en todo lo que él planteaba y decía a pesar de que él mismo se fue como corrigiendo y revisándose a sí mismo, que es lo que deberíamos hacer todos los educadores”.

Laura García Tuñón.

Partiendo de concebir al pensamiento crítico como el núcleo de la pedagogía transformadora, la educadora manifestó que “hoy sigue muy vigente ese impulso que nos dejó como su legado y que es importante poder entrelazar, construir diálogos, construir una nueva humanidad“.


Lo ubicó en su país: “Este año hubo infinidad de acciones homenajeando a un Freire nunca tan actual, sobre todo en Brasil donde es tan atacado por Jair Bolsonaro”, quien lo culpó de todos los problemas de la educación de su país, y “por eso es tan importante allí toda esta campaña de revalorizar y reafirmar su vigencia”.


Quien adquiriera el título de patrón de la Educación de Brasil, nacido el 19 de septiembre de 1921 y fallecido el 2 de mayo de 1997, encuentra hoy en la ultraderecha brasileña, como en tiempos de la dictadura, las peores campañas de desprestigio, y el intento de eliminarlo de la historia. Por el contrario, adquiere más vigencia su método dialógico que alimenta la conciencia crítica y el camino de la emancipación.

La Educación Popular en el movimiento campesino


La relación de la Educación Popular con los movimientos sociales es estrecha, es una pedagogía adoptada. “En Argentina en particular no debe haber ningún movimiento popular que no se identifique con la Educación Popular y que no la asuma, con las distintas y variadas versiones que puede tener”, señaló la educadora y militante del Mocase.


Unicam Suri (Universidad Campesina) de Ojo de Agua Santiago del Estero (Foto Télam)

En este sentido, Michi marcó algunas referencias de esa identificación como el respeto por los saberes populares; el planteo del diálogo entre quienes vienen de distintas experiencias de formación, algunas más vinculadas con las universidades o el ámbito más teórico y quienes provienen de la práctica; una educación popular que plantea que todos son educadores o pueden serlo; una educación popular muy vinculada a la praxis cotidiana;

“Esa es mi experiencia en el movimiento campesino”, enfatizó.


Y relató su experiencia: “ Me encontré hace casi 20 años con el Mocase, que era un movimiento muy claramente educador, que tenía y tiene muy claro cual es esta herramienta, esta forma de concebir la vida, de concebir la educación, que plantea el protagonismo de los sujetos, de las sujetas, y que por sobre todas las cosas considera que cada uno de los espacios en los que se estaba interviniendo la transformación del mundo, es un espacio de educación”.


Unicam Suri (Universidad Campesina) Santiago del Estero (Foto Télam).

“Seguramente -continuó- mi conocimiento del movimiento campesino de Santiago del Estero fue la culminación de una búsqueda y de un acompañamiento de otros movimientos porque acá en este movimiento en el que yo permanezco y vivo en él, es donde más plenamente se ha planteado este lugar de los sujetos, esta relación dialógica, esta capacidad de leer la realidad entre todos y de construir conocimientos”.


El Mocase siempre ha tenido relación con las universidades pero especialmente con los estudiantes, comentó Michi tras añadir que desde hace diez años aproximadamente “el movimiento decidió tener su propia universidad campesina para poder dar su perspectiva a sus militantes y de otras organizaciones”.


La Educación Popular en los Bachis


Los primeros bachilleratos populares (conocidos también como “bachis”) surgieron hace 17 años, tras la crisis del 2001 y en el marco de las luchas de los movimientos sociales que “como parte de sus prácticas para armar herramientas y combatir las desigualdades, empezaron a pensar también en proyectos educativos para jóvenes y adultos, para ver cómo se los sacaba de la exclusión pero también como una estrategia política de formación”, precisó García Tuñon a este portal.



Actualmente, a pesar de que las cifras sobre cuántos bachilleratos populares hay no están actualizadas, se calcula que se abrieron entre 120 y 140 en todo el país, en numerosos barrios de la ciudad de Buenos Aires, en el conurbano y en distintas provincias, donde acuden estudiantes en busca de culminar sus estudios secundarios.


Santana expresó que “el proceso de apertura de los bachis vino de la mano de la concepción de la educación popular como constitutiva. Una de las cosas que siempre dijimos es la necesidad de recuperar la politicidad de la educación porque muchas veces se planteó un reduccionismo ligándola solo al plano de lo metodológico y bajando la línea de que la escuela es un espacio no político”.


¿Qué es enseñar en un bachi? “Algo dinámico, no es algo que esté dado ya para siempre y que todos y todas sepamos como es, sino que justamente nos permitimos ir pensándolo, modificándolo, de acuerdo a los cambios y características de los sujetos reales que van poblando las aulas de los bachis”, señaló el educador del Impa.


“Quienes practicamos la educación popular en los bachis partimos de la necesidad de escuchar y estar permeables y atentos y atentas a entender cómo está conformado el sentido común de las y los educandos, y partir de allí. En esto es central un proceso de reflexión colectiva sobre la propia práctica, y entender que los espacios educativos son formadores en si mismos”.