Por qué se sintió menos el reciente sismo que el de 1944, de similar magnitud y profundidad


El investigador principal del Conicet y doctor en Ciencias Geológicas, Juan Pablo Milana, explicó a Vertientes del sur que el reciente sismo del 18 de enero pasado “subjetivamente” se sintió menos que los de 1944 y 1977 (Caucete), “por el lugar donde se produjo”, ya que las ondas sísmicas tuvieron que atravesar la zona triangular del valle de Zonda y las estructuras de la Precordillera en San Gretas en la ruta 40 (18-1-2021) Foto Télam Juan que actuaron como “amortiguador”.


El especialista explicó que “la corteza de la tierra está divida en provincias geológica que tienen sus características” propias y “cada terremoto es diferente dependiendo de la provincia donde ocurre, dado que la forma en que se distribuye el esfuerzo varía en función de la composición geológica”.

Milana explicó que este tipo de sismos intraplaca “son fallas que localmente van Calle Laprida, centro de San Juan (AGN)

de norte a sur y al moverse producen una liberación de energía” que llega con mayor o menor intensidad a las poblaciones cercanas dependiendo de los obstáculos que encuentren las ondas en su camino.

“El terremoto de 1944 ocurrió en la (provincia geológica) precordillera oriental que está a sólo 7 kilómetros de la ciudad de San Juan, por eso con poco más de intensidad (que el último) generó una destrucción mucho mayor”, dijo.

“El de 1977 fue en Sierras Pampeanas, que es otra provincia geológica y que se extiende desde San Juan hasta las sierras de Córdoba”, agregó.

“Y el reciente (18 de enero pasado) fue en la Precordillera Central: al ser ahí, las ondas sísmicas tuvieron que viajar a través de montañas y valles que las fueron amortiguando en cierta forma, por eso no fue tan destructivo”, explicó.

Por otro lado, Milana destacó la importancia de las normas de construcción antisísmica en vigencia desde hace más de 69 años en la provincia, para que los daños edilicios hayan sido menores y no se registraran muertes.

“Antes de 1944, las casas se hacían altas y de adobe para combatir mejor el calor, pero esto mismo las hacía muy vulnerables a los efectos sísmicos y por eso el terremoto provocó la caída del 90% de las construcciones”, señaló.

A partir de esa fatídica experiencia, “se crea el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES) que define normas antisísmicas y regula la construcción”, de tal forma que hoy “una casa en San Juan lleva tres veces más hierro, por lo menos” que una casa construida en una provincia de bajo riesgo sísmico, lo que hace que la capital sanjuanina sea “una ciudad muy chata, sin rascacielos porque no resulta rentable”.

“Hoy en día, San Juan debe ser una de las ciudades más seguras del mundo en materia de terremotos. El mismo terremoto en Buenos Aires tiraba la mitad de los edificios”, dijo.