San Juan 1944: entre destrucción y muerte, la respuesta política fue el compromiso social

Hoy a 77 años un potente sismo azotó la misma región pero la historia creó otras condiciones


por Alicia Alvado


Ruta Nacional 40, a la altura de Carpintería, donde el sismo de 6.4 grados del pasado 18 de enero produjo grietas a lo largo de 4 kilómetros. Foto Télam



Inevitable resulta relacionar el sismo de 6.4 grados en la escala de Richter que sacudió el pasado 18 de enero la ciudad de San Juan y alrededores provocando exclusivamente daños materiales localizados, con aquel otro de similar magnitud y profundidad registrado en 1944 que aún hoy continúa siendo el mayor desastre natural de la historia nacional, con más de 9 mil muertos (10% de la población).


Máxime cuando el reciente sismo –el de mayor intensidad desde 1977- se produjo a sólo tres días de un nuevo aniversario –el número 77º- de aquella tragedia que para algunos historiadores como Pablo Buchbinder marcó el inicio del Estado de Bienestar en la Argentina, con la adopción de políticas que fueron “antecedentes inmediatos de las que aplicará poco tiempo después el peronismo en el poder”.

Casas de adobe afectadas por el sismo que tuvo su epicentro en la localidad sanjuanina de Media Agua (Foto Télam)


“Eran las siete de la tarde y San Juan había quedado oscuro ¡había un tierral de tantas casas que habían caído! (…) Todo estaba en la calle, caído. Había oscuridad. Cayó la casa de mis primas, que eran como diez. De mi casa cayó casi todo menos el almacén de ramos generales que teníamos (…) Mi papá regaló toda la mercadería (…) Fue una noche tan tremenda que usted no se la puede imaginar”, cuenta Guillerma Balmaceda de Antuña (83 años) en una producción especial del Ministerio de Cultura de la Nación.


Vista de una de las áreas más afectadas de la ciudad de San Juan por el terremoto de 1944 (AGN)


Guillerma recuerda que tenía por entonces 7 años y una de sus mejores amigas, Teresa de 5 años, tuvo que ser rescatada de debajo de los escombros, mientas que la niña con la que estaba jugando murió en el acto al ser golpeada por un adobe en la cabeza.


“Estábamos en un casamiento en Santa Lucía, una iglesia en el centro de San Juan (…) Tenía tres años pero tengo grabada en el recuerdo una alta pared de adobe que se balanceaba de un lado a otro y felizmente no cayó para el lado nuestro porque nos aplastaba”, contó Nora Miranda (78 años).


Vista de una de las áreas más afectadas de la ciudad de San Juan por el terremoto de 1944 (AGN)


“Cuando volvimos de la fiesta con mi abuela, ya íbamos saltando muertos. Llegamos y la casa estaba en el piso, se había caído todo y había empezado a llover. Mi abuelo tenía un carro que tenía las ruedas altas y abajo daba para poner un colchón así que los niños dormíamos ahí mientras los adultos ayudaban”, agregó.


De unos 100 mil habitantes, la ciudad de San Juan lucía a principios de 1944 una arquitectura casi colonial, con predominancia de casas de adobe y escasos edificios de porte, lo que era revelador de su lugar relegado en el modelo agroexportador vigente en el país, con el monocultivo de uva y producción de vino como principal actividad económica.


Y como el último sismo de magnitud había tenido lugar a fines del siglo XIX, nadie imaginaba que sus propias casas eran una trampa mortal y que sus muros podían convertirse en tumbas, como le sucedió a entre 9 y 15 mil sanjuaninos a las 20:52 del sábado 15 de enero de 1944 a partir del terremoto de 7 grados en la escala de Richter que tuvo su epicentro 20 kilómetros al norte de esta capital y a 16 kilómetros de profundidad. Nueve de cada 10 construcciones se derrumbaron.


Hospital montado de emergencia en una calle de San Juan tras el terremoto


A partir de allí, la desolación. La ciudad quedó intransitable, vedadas como estaban las calles por montañas de escombros y por el apagón, a lo que se sumó una repentina lluvia que complicó aún más las cosas.


Durante varias semanas los sobrevivientes se vieron obligados a vivir a la intemperie o en improvisadas carpas montadas en las plazas, mientras comenzaba el traslado de heridos a los hospitales de Mendoza –por un lado- y de niños huérfanos a la Ciudad de Buenos Aires -por otro-, al tiempo que hacían el camino inverso los primeros convoys despachados rumbo a San Juan con insumos materiales y personal de refuerzo para la asistencia de los damnificados


Al día siguiente, el terremoto fue la noticia principal de todos los diarios, destacándose la tapa de Crítica que con letras catástrofe tituló: “San Juan, destruida".


Entre las historias trágicas que se escribieron a partir del terremoto, una de las más recordadas es la de los novios Miguel Serrano -de 24 años- y Francisca Sánchez -de 20- que se estaban casando en la Iglesia de la Concepción cuando el techo se vino abajo provocando su muerte, la del sacerdote y varios familiares.


Treinta y tres años después, el 23 de noviembre de 1977, una moderna San Juan en materia edilicia fue nuevamente castigada con un sismo de magnitud 7,4 en la escala de Richter conocido como “Terremoto de Caucete”, que tuvo su epicentro a unos 32 kilómetros al sudeste la capital provincial y que ocasionó 65 víctimas fatales.


En medio de ambos episodios sísmicos, la ciudad fue objeto de un ambicioso proceso de reconstrucción que se desarrolló en paralelo con una enorme campaña nacional de recolección de donaciones, ambas impulsadas desde el Estado por el entonces titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, Juan Domingo Perón, cuyo “ascenso como figura de proyección nacional es inseparable de las consecuencias que, sobre la sociedad argentina, tuvo el terremoto de San Juan”, según Buchbinder.


Vecinos esperando en la estación el tren para ser evacuados. 1944 (AGN)


Fue precisamente en un evento para recaudar fondos realizado en el Luna Park de Buenos Aires con la participación de artistas del espectáculo, donde este coronel en ascenso dentro del gobierno de facto de Pedro Ramírez, conocería a la que se convertiría en su esposa y principal socia política, Eva Perón.


Es que además de sus grandes consecuencias económicas y sanitarias, el terremoto tuvo gran incidencia política y social.


En su artículo “Los cambios en la política social argentina y el impacto del terremoto de San Juan (1944)”, este doctor en Historia e investigador del Conicet se concentra en tres políticas de estado hijas del terremoto: la centralización estatal de las donaciones para las víctimas, la construcción masiva de viviendas sociales y la ley de adopciones.


“Afrontar las consecuencias del terremoto exigía reunir y movilizar recursos considerables, en particular monetarios. El país se veía ante un desafío nuevo, ya que por sus dimensiones y gravedad no existían antecedentes (…) El llamado del gobierno a la solidaridad de los ciudadanos fue prácticamente inmediato”, expresa.

La convocatoria tuvo una enorme respuesta popular pero enseguida la ayuda receptada fue “centralizada en el sector público”, quedando prohibido que organizaciones de la sociedad civil encaran acciones de este tipo.


“Esta actividad permitió articular el primer vínculo de Perón con la sociedad y sobre todo le posibilitó hacer público su vínculo con los sectores populares”, dice el historiador.


El otro gran desafío en materia de políticas sociales fue dotar de vivienda a las 90 mil personas que un mes después del terremoto seguían en la calle, revelando cuestiones estructurales de la sociedad sanjuanina como la enorme desigualdad social, el desbalance demográfico y la injusta distribución de la tierra.


Pero la catástrofe habitacional también dejó en evidencia la escasa penetración de las nuevas técnicas en materia de construcción en una comunidad de corte tradicional, que además necesitaba incorporar las medidas antisísmicas que se verán plasmadas posteriormente en el Código de Edificación de 1951 que rige hasta hoy.


“En un lapso de 90 días se construyeron 25 barrios, compuestos en su totalidad por 3.000 viviendas (…) por lo general en tierras fiscales”, señala Buchbinder.


De la Secretaría de Trabajo y Previsión Social parten hacia San Juan tres camiones repletos de alimentos, ropas y medicinas (AGN)


Esta tarea se organizó desde el Consejo de Reconstrucción de San Juan conformado a principios de febrero en la órbita del Ministerio del Interior.


“San Juan constituyó un primer ensayo de construcciones masivas de viviendas que se prolongaría ya con el peronismo en el poder”, afirma.


La otra gran problemática que desembozó el terremoto fue la ausencia de un marco legal para las adopciones capaz de resolver la situación de les más de mil niñas y niños que quedaron huérfanos en esa catástrofe.


Hasta el momento, las entregas de niños en adopción las realizaban las propias sociedades de beneficencia que los cobijaban y el proceso no tenía tutela estatal; encubriendo la entrega de niñas y niñas para trabajos domésticos, entre otras irregularidades.


La ley finalmente aprobada en 1948 “terminó con las inscripciones fraudulentas y

se estableció que la adopción creaba un vínculo legal con la familia adoptante”, pasando a regirse la adopción a partir de entonces “por procedimientos claramente institucionalizados”.


En su libro “El peronismo entre ruinas”, el historiador estadounidense Mark Healey discute con lo que considera el “consenso académico” respecto de que el peronismo “es un movimiento que comenzó en el centro, en Buenos Aires, y sólo llego a los confines lejanos de la república mucho más tarde”, usando como principal argumento el peso que tuvo San Juan en el nacimiento y consolidación del movimiento.


“Si bien es cierto que la campaña de ayuda tras el terremoto fue tan potente precisamente porque fue nacional y dirigida desde el centro, San Juan fue el detonante para la acción y el desafío político y material que había que enfrentar. Para el peronismo, este reto fue fundacional, y el movimiento empezó con un intento de transformar la periferia y de hacer de su visión para San Juan una posición para toda la nación. No fue algo que llegó más tarde a la periferia, comenzó en ella”, precisó.